Donnerstag, Dezember 04, 2008

LA BIOGRAFÍA: HAMBURGO (2).

De la misma forma, los pocos ahorros conseguidos con su trabajo en Les Folies Bergère se esfumaban a la misma velocidad con la que las ideas de ZP se convertían en carámbanos; situación ésta que José Luis intentó aliviar con la petición a su abuelo de un préstamo: el dinero nunca llegó. No obstante, las semanas plenas de incertidumbres no fueron desaprovechadas, y la pareja entendió que la inactividad forzada formaba parte de su adiestramiento para enfrentarse al borrascoso mar de la política. A pesar de ello y para combatir el tedio, los jóvenes realizaron algunas actividades: Pepiño, después de concluir el ensayo filosófico, inició la redacción del primer libro de sus memorias — Mi padre me capó— mientras que ZP se parapetaba detrás de una sábana y simulaba ser un político que desfila en una manifestación. Angelika Puff, la casera del edificio, menciona esos detalles en un libro autobiográfico que publicó con el título de Mi vida entre ladillas como centollas. En la página 268 en concreto, Angelika alude al «desgarbado español que paseaba por la Reeperbahn detrás de una sábana mugrienta al grito de “No a cualquier cosa”».
Sea como sea y a pesar de lo estrafalarios que resultaban, el vecindario les cogió cariño y se acostumbró a la presencia de aquel par de intrépidos pensadores. Tan fue así que Manfred Gestank, propietario de una factoría de comida para gatos elaborada con pescado podrido, decide contratar a uno de ellos para enlatar la bazofia felina. Ése episodio, que para otros biógrafos puede resultar trivial aunque yo le concedo mucha importancia, deviene en el primer enfrentamiento grave entre ZP y Pepiño: ¿Quién estaba más capacitado para ocupar un cargo de tanta responsabilidad cuando ambos dominan el manejo del pescado podrido?
Pepiño intentó hacer valer su condición de gallego— por lo tanto familiarizado con las conservas—; y ZP, la de un tipo que tiene la pituitaria atrofiada y está acostumbrado a remover comistrajos. El enfrentamiento alcanzó tal virulencia que Herr Gestank, sin duda alguna por su condición cristiana, propuso una alternativa: Pepiño trabajaría en la factoría de mejunje felino mientras que ZP sería contratado por la autoridad portuaria para ejercer de hombre-boya en uno de los canales del río Elba. La propuesta no satisfizo a ZP, que esperaba un trabajo más acorde a sus indudables capacidades; sin embargo, Herr Gestank supo convencerle: «No tendrás que hacer nada excepto estar quieto sobre la boya: la corriente del río marcará tus movimientos. Lo importante es que te vean, algunos hasta te harán fotos». El razonamiento de Manfred convenció a ZP, cuya efigie sobre una boya se convirtió en familiar para los pilotos de las gabarras y de los barcos turísticos que surcaban el Elba. Por su parte, Pepiño se incorporó a la fábrica e inició uno de sus mejores períodos— antes de ostentar cargo político alguno— ya que el salario incluía la manutención: comía lo mismo que envasaba para los gatos: pescado podrido. Ahora bien, un nuevo problema asedió al gallego: el hedor que desprendía provocó que le prohibieran la entrada en el albergue y generó nuevas discusiones con ZP, que era incapaz de soportar la fetidez que expandía Pepiño. La situación, sin embargo, no amilanó al literato de Palas de Rei, aunque es cierto que mermó su capacidad creativa. Con todo y con eso, Pepiño continuó con el segundo libro de su biografía— Material de deshecho—, en el que de una manera implícita refleja en su prosa atormentada los apuros internos de aquellos días en Hamburgo. Es lógico considerar, pues, que la estancia en Alemania puso a prueba la fortaleza de la fidelidad de Pepiño y llevó a los límites la amistad de ZP; me atrevo a decir que los distanció, idea ésta que el historiador alemán Johann Frottenmiverga insinúa en un libro de próxima aparición sobre la historia del PSOE: Encurtidos y salazones.
Las horas de inmovilismo sobre la boya y la dieta de vísceras podridas marcaron las personalidades de José Luis y Pepiño, aunque también moldearon sus rasgos físicos: el caminar de ZP es característico de un tipo que desconfía de la resistencia del suelo que pisa mientras la expresión del rostro de Pepiño corresponde a un hombre habituado a convivir con el hedor. De igual manera, el «quietismo boyero» adquirido por ZP le resultó muy útil para permanecer sentado en un escaño sin hacer o decir algo.
La llegada de la primavera puso fin a las penalidades climáticas de la pareja, que durante el invierno alimentó la estufa de la habitación con varios ejemplares de la Constitución española comprados a peso en una librería de lance. Asimismo, sus contratos laborales finalizaron, y José Luis y Pepiño comprendieron que era el momento de retornar a España para poner en práctica los conceptos aprendidos. Ahora bien: ¿cómo realizar el viaje? Pepiño era partidario de repetir el autostop; pero ZP, siempre propenso a soluciones alocadas y dignas de un enajenado, propuso otra fórmula: regresar a España en barco. Pepiño, un marinero curtido (del mar de la imbecilidad), no rehusó el reto; es más: se mostró encantado. Ambos se mostraron de acuerdo en que un tipo que ejerció de hombre-boya estaba capacitado para elegir la nave; por lo que ZP entabló negociaciones con Manfred Gestank para que éste le vendiera un esquife. En la contabilidad de la firma Gestank&Söhne consta una factura (l.R. Nr.8565/85) que refleja la venta de un bote a José Luis Rodríguez Zapatero y José Blanco López por un importe de 500 marcos. Una vez formalizada la venta ante Kasimir Taubenschaß, notario de Hamburgo, la pareja se dirigió al muelle para rebautizar la chalupa, que acorde a una propuesta de ZP ostentó el nombre de Fitzcarraldo. Lo que Pepiño presuponía una aventura bizarra se tornó en desilusión cuando ZP le explicó su plan: acarrear una bote de 900 Kg. a través de media Europa. A tal fin, la pareja acometió una serie de reformas y mejoras en la nave: calafateo, pintura, etc. Finalmente, el 31 de abril de 1985, José Luis y Pepiño cargaron sobre sus hombros el Fitzcarraldo e iniciaron el regreso a España. Los cuatro meses de «singladura» fueron prolíficos a la hora de generar documentación — tarjetas postales, fotografías, etc. —, aunque quizá sea el libro que Pepiño escribió durante los descansos— Estampas hanseáticas: los tontos del bote— el que recoge el espíritu valeroso de aquellos dos jóvenes que recorrieron Europa con los ojos bien abiertos, los hombros desollados y el culo y el talento encogidos. En ése libro, que no es un libro de viajes al uso, Pepiño supo plasmar, de forma magistral, una historia tan amena como ridícula en la que intercala abundantes elementos para la reflexión.
Una vez que llegaron a Madrid, José Luis y Pepiño otearon el panorama político para elucidar cuál sería el partido adecuado y verter en él sus bagajes de cultura, talento, preparación e inteligencia política. El resultado, lógico y pertinente a todas luces, fue el PSOE, cuyos dirigentes supieron intuir que aquellos dos jóvenes de provincias atesoraban las cualidades necesarias que deben festonear la labor y el pensamiento de cualquier gran estadista. Una nueva etapa gloriosa comenzaba, aunque no es objeto de Pienso a domicilio reflejarla. Sin embargo, como colofón, conviene señalar que José Luis Rodríguez, el Puma, es uno de los mejores políticos del último milenio; un hombre honesto, sincero, inteligente, sagaz y dotado de una preparación sin parangón que redunda en el éxito de cualquier empresa que acometa. Su vida, forjada en el esfuerzo y la dedicación, es una historia sobrecogedora, tanto de su existencia como de la del pueblo que decidió otorgarle su confianza. Asimismo, sus logros son un documento que atestigua, en una época en la que la capacidad de esfuerzo y sacrificio está denostada, que determinados valores mantienen una vigencia intemporal y deben formar parte del acervo ético del ser humano. De igual manera, el temperamento que José Luis Rodríguez, el Puma, demuestra a la hora de enfrentarse a las dificultades actuales no es más que la herencia de un hombre en cuyas afinidades es imposible no percibir los rasgos de un estadista innato.


APOSTILLA: Con el presente escrito finalizo el adelanto de la biografía de ZP. Los derechos de publicación para Alemania los posee la editorial Jux und Lüge GmBH (ISBN 978-3-61-652349-0). Si no surgen contratiempos de última hora, meine Damen und Herren, Pienso a domicilio verá la luz la próxima primavera: la mejor recompensa después de un trabajo exhaustivo.

Foto: ZP en 1985, después de donar el Fitzcarraldo al estanque del Retiro.

9 Comments:

Blogger Mary White said...

¡Qué disgusto! Estaba esperando la historia de amor con Sonsoles...

2:11 PM  
Blogger El Espantapájaros said...

Gracias, Van Orton, por esta magistral biografía. Es normal que la información referente a la etapa alemana del estadista fuese escasa, ya que ser un hombre-boya no debe de ser un trabajo muy prestigioso. Aun así, Zapatero parece haber seguido bien el consejo de quien le contrató.

También es muy sugestivo el viaje de regreso a España cargando con un bote.

Espero que en el futuro podamos conocer otras zonas oscuras de la vida de Zapatero.

2:37 PM  
Blogger Ignacio said...

Estoy en un bar, en un puerto; hay mujeres, el camarero es alemán.
Me estoy partiendo de risa yo solo y las pilinguis y los marinos me miran.
Encargame diez ejemplares YA de "Pienso a domicilio"


Es mi autobiografía de cabecera

8:36 PM  
Blogger Ignacio said...

Creerás que es broma, pero ahora hay dos pilinguis, un señor, un cirujano el camarero alemán y tres mas leyendote de tanto que me reía: esta conexión es de ya.com y debe ser de Denia: compruebalo.

9:24 PM  
Anonymous Anonym said...

Hola.

Leo su blog desde que lo descubrí a través de no sé quién cuando empezó con su serie de Joe Black.

Nunca comento, pero ya que es el último fragmento, hoy me animo para decirle que la biografía es buenísima. Me he reído con ganas.

Muchas gracias y un saludo.

12:01 AM  
Blogger Nicholas Van Orton said...

MARY WHITE:

Lo suponía, estimada pelirroja, pero prefiero dejar determinadas “cuestiones” (¿es el término adecuado?) al margen.
Saludos.

3:11 AM  
Blogger Nicholas Van Orton said...

EL ESPANTAPÁJAROS:

De nada, torturador de colibríes en vuelo hacia atrás. No te rías, no: la figura del hombre-boya existe en Hamburgo; aunque se trata de maniquíes que colocan sobre las boyas. Si no alguien no te avisa, desde la lejanía consideras que un alocado se encaramó a la boya: ¡Cosas de Hamburgo!
Al recordar a Klaus Kinski y su perpetua cara de enajenado no pude evitar establecer una comparación con ZP. De hecho ambos hacen lo mismo: acarrear “cosas” inútiles. ¿Será su existencia una de ellas?
Quizá en el futuro me decida a escribir una continuación; todo depende de las ventas de Pienso a domicilio.
Saludos.

3:11 AM  
Blogger Nicholas Van Orton said...

IGNACIO:

Suerte que existe Google, porque de lo contrario todavía miraría el diccionario: “Pilingui”; ¡qué palabra!
Ya autoricé las galeradas, ahora sólo queda que me envíen las pruebas de la portada y realizar la sesión de fotos del autor; es decir: yo. Te guardo los ejemplares, galáctico.
Ignacio, por favor, ¡sé prudente!; si muestras a los desconocidos lo que lees pueden formarse una idea equivocada de ti.
Miré las conexiones, y las de ya.com corresponden a Francia, Madrid y Comunidad Valenciana: ♪♫♪ Valencia es la tierra de las flores de la luz y del amor♪♪, tataratatá tatá tatá,♪♫♫ tataratatá tatá tatá, Valencia tus mujeres todas tienen de las rosas el color…♫♪♫
De todas formas aparece una conexión de Denia, pero no es ya.com; es pilinguisred.com.
Por cierto, Ignacio: en una ocasión visité Valencia durante las fiestas de Las Fallas. Al principio dudé si estaba en una fiesta regional o en una convención de barreneros. ¡No perdí los tímpanos de milagro!, ¡incluso temí por mis extremidades! Jajajajaja
Saludos, galáctico.

3:12 AM  
Blogger Nicholas Van Orton said...

NO A TODO:

Explícito pseudónimo, lo reconozco. Me alegro de que disfrutase con la biografía. Gracias por su comentario y bienvenido a Josephsplatz.
Saludos.

3:12 AM  

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