McMILLAN & WIFE.

SERIE: 2. f. serial (‖ obra). 2. m. Obra radiofónica o televisiva que se difunde en emisiones sucesivas.
Una de las series que recuerdo de mi infancia española es McMillan&Wife, meine Damen und Herren. El cuarteto protagonista lo componían Rock Hudson, Susan Saint James, John Schuck y Nancy Walker, que interpretaban al comisario McMillan, su esposa, el ayudante del comisario y la mocama del matrimonio, respectivamente. Las escenas conyugales eran tan almibaradas que se necesitaba un páncreas de hierro para no padecer hiperglucemia. El comisario McMillan, entre «terrón y terrón», resolvía casos, aunque siempre intervenían en la resolución la esposa o la criada, una mujer que demostraba su poca solvencia con la bebida a diario; o la mejor era muy solvente: debo meditarlo. Sea como sea, estimados parroquianos, era una serie grata de ver, además se desarrollaba en San Francisco, algo que añadía valor a los episodios; ya saben: Lombard Street, pendientes, tranvías, la bahía…
Estoy convencido, meine Damen und Herren, de que a nuestro siempre admirado José Luis Rodríguez, el Puma, también le gusta McMillan & Wife; tan es así que hizo de la serie televisiva su manual de norma y actuación, incluso un libro de estilo. Por lo pronto, ZP nos transmite la impresión de que sus decisiones y opiniones — un auténtico destilado de sabiduría— surgen durante las charlas nocturnas del matrimonio: «Sonsoles, no sabes la de españoles que podrían ser presidente del Gobierno», y alguna otra astracanada que una inteligencia tan distraída como la de ZP puede generar. Sin que pueda explicar el porqué de mi intuición, queridos lectores, creo que ese hombre es de aquellos que avanza a fuerza de los empellones que le propina la esposa; «es un poco parado», que diría cualquier suegra malcarada, disculpen el pleonasmo. No obstante, les considero un matrimonio discreto— sobre todo en lo intelectual— que entre cantos y cantes pretenden ocultar las ínfulas del palurdo; empeño éste en el que ZP, un hombre cuyo talento le tocó en la pedrea, chirría como las ruedas de un tranvía que se desliza sin control por una pendiente. Ahora bien, agradeceríamos que esas horas nocturnas las dedicaran a otros menesteres característicos de la vida conyugal (sana, ¡por supuesto!) en lugar de elucubrar el próximo dislate del profeta de las neumas.
El ayudante del comisario McMillan se caracterizaba por su cara de bobo y por recibir más hostias que su superior: el rango es el rango y determinados rostros están hechos para encajar puñetazos. Ese comportamiento lo aplica ZP con sus ministros, que se ven obligados a dar la cara para justificar las ocurrencias de ése chafardero del intelecto. Aun así, meine Damen und Herren, todos se aplican en quedar los primeros en la carrera del ridículo; aunque Celestino Corbacho, Miguel Sebastián, Elena Salgado y Carmen Chacón — los reyes del «donde dije Paco digo poco»— demuestran la misma tenacidad y paciencia que el sastre de Pepiño Blanco a la hora de tomar las medidas de ese cuerpo tan esbelto; ¡no me atrevo a pensar en los problemas del sombrerero! Entre embustes, anuncios, renuncios, aclaraciones y desmentidos, «la cuadriga» avanza con un rumbo errático; quizá sea porque los corceles fueron sustituidos por pollinos y cabras; de ahí lo de…«a paso de cabra». Sin embargo, estimados parroquianos, en ese burladero humano que esconde a ZP, un individuo de aptitud de…a trancas y barrancas, percibimos otra de las filfas del gran estadista, ¡el marqués de la pospuesta y duque del tiempo perdido! Por un lado anuncia el cierre de una central nuclear, después se asusta y decide meter la genialidad (en realidad otra «escena de matrimonio») en el refrigerador a la espera de servirla más adelante; es decir: utilizar en la próxima campaña electoral un cochifrito de promesa a lo ZP, ésas que siempre se repiten, nos agrían el paladar y provocan acidez de estómago. Por favor, ¡alguien tiene bicarbonato! Asimismo, meine Damen und Herren, ese comportamiento de beodo de ZP (altibajos, tropezones, etc.) nos retrotrae a las persecuciones en automóvil por las calles de San Francisco, unas carreras que se caracterizan por vehículos que vuelan sobre el asfalto, chispas que surgen de los bajos de los coches, neumáticos quemados y unos ejes tan destrozados como el idioma español después de ser utilizado por Maleni Álvarez. De cualquier modo, estimados parroquianos, así es la «línea recta» de ZP, similar a la orografía de San Francisco: no hay crisis, estamos en crisis; brotes verdes, pasto quemado; pleno empleo, más de cuatro millones de ociosos; atentados, accidentes; hombres de paz, voluntad inquebrantable; Economía, dos tardes; soy un inútil…«cualquiera puede ser presidente de Gobierno»; en resumen: una peonza que recorre Lombard Street.
Asimismo, meine Damen und Herren, ZP también tiene una criada aficionada a empinar el codo y que en ocasiones le proporciona la solución al misterio: Teresa Fdez. de la Vega. Ignoro si la mojama que confunde ostentación con elegancia es abstemia o disfruta de los nebulosos placeres del alcohol; ahora bien, en las últimas apariciones no daba pie con bola, y ya no digamos cuando el tipo al que ella reafirmaba dimite no por lo que se sabe sino por todo lo que estaba a punto de salir. Veo a ésa mujer cada vez más consumida, se ha convertido en el auténtico espíritu de la golosina. Pero eso también le ocurre a más de uno, queridos lectores: periodistas, opinadores y enteraos a sueldo, monarcas bobones, magistrados, empresarios, sindicalistas, banqueros y crédulos; porque apoyar a un tipo que todavía no entendió que los tranvías de San Francisco no pueden circular fuera de los raíles, ni siquiera para tomar atajos, suele comportar un baño en la bahía y una cadena perpetua de la honestidad en la isla de Alcatraz. Me quedo con el comisario McMillan, meine Damen und Herren; además siempre consideré a Rock Hudson un hombre atractivo, aunque yo prefería a Susan Saint James: lo cortés no quita lo valiente. Aun así, yo escojo «lo cortés» y dejo para ZP…«lo valiente». San Francisco, open your golden gate, you let no stranger wait outside your door…











