Dienstag, Oktober 28, 2008

SIDEWAYS: TURÍN (2).


Llegué con antelación al lugar estipulado con Antonella y no percibí ningún cambio; tan era así que los recuerdos se precipitaron deprisa, como un caballo desbocado. Una de las camareras me reconoció, y un gesto tan banal me tranquilizó, estimados parroquianos: mi pasado y mi presente confluían. Faltaban veinte minutos para que la mujer a la que he amado como nunca he vuelto amar estuviera frente a mí. Pasado, presente, y otro presente más prolongado al que llamamos futuro: veinte minutos.
En realidad, meine Damen und Herren, Herr Garzón se comporta como el perrito faldero de ZP, y éste le lanza un hueso (porque de eso se trata, de buscar huesos) de vez en cuando; aunque los filetes (pagos por extrañas conferencias e innecesarios viajes bien remunerados) los ponen en el plato algunos de los jefes y cómplices de ZP. La predisposición mandibular de Herr Garzón nos permite comprobar que la justicia española es como la polla de una pajillero: un día se la casca con la derecha, y otro día, con la izquierda. No lo criticaré, queridos lectores, ¡lo importante es que haya orgasmo!; aunque algunos deberían vigilar las salpicaduras: el semen sobre una tela negra se percibe enseguida; no debemos olvidar que una democracia, y la creencia de los ciudadanos en la misma, se sustenta sobre la justicia, ya que lo contrario— la arbitrariedad— es propio de dictaduras.
Ahora, si ustedes me lo permiten, aprovecharé que el río Po pasa por Turín y arrimaré el vermut a mi sardina; sin olvidar, por eso, a nuestro justiciero universal.
En el auto de Herr Garzón, observamos que pretende investigar y juzgar los crímenes contra la humanidad cometidos durante la guerra civil española y el franquismo. Acto seguido, la legión de cuidadores de ZP— periodistas que escriben al dictado— nos recuerda el juicio de Nuremberg. Yo no tengo nada que objetar, meine Damen und Herren: sé que España es el país de los potajes y la olla podrida. Continuemos con Nuremberg y los acusados del juicio, que tuvieron que responder a cuatro cargos: Conspiración; crímenes contra la paz; crímenes contra la humanidad; crímenes de guerra. Por un lado sorprende que pueda juzgarse a alguien bajo la acusación de un delito que no era tal cuando se produjo el hecho. Yo creía que el tiempo rige al acto — Tempus regit actum— y que la irretroactividad de las normas penales es uno de los baluartes de los derechos humanos. Asimismo, fue curioso que el fiscal ruso acusara a los reos de delitos que la URSS había cometido en la misma medida: Conspiración y crímenes contra la paz. ¿Acaso no incurrió en esos delitos la URSS al invadir Polonia?, ¿no fue responsable Stalin de la ejecución de 20.000 jefes y oficiales del ejército polaco en Katyn? De igual manera, sería interesante que alguien nos explicara el porqué un millón de soldados alemanes cautivos no regresaron a sus hogares; ¿eso no son crímenes de guerra? Supongo que no, fueron algo peor: crímenes de paz. Observarán que soy generoso, meine Damen und Herren, porque no menciono esos bombardeos brutales sobre mujeres, niños y ancianos, o el millón y medio de mujeres alemanas (hubo otro medio millón que comprendía checas, ucranianas, polacas, etc.) que fueron violadas o asesinadas por los Aliados. No lo hago por una sencilla razón: las leyes de la guerra no caminan por la misma senda que el raciocinio y la época en la que se juzgan.
Sin embargo, Baltasar Garzón, el empresario de la espada, la balanza y la venda, está dispuesto a pasarse la justicia por el forro de la toga y ganarse un nuevo salario. Todos sabemos que eso quedará en nada; en todo caso en alguna fosa abierta con premura y poco más: huesos para el perro. En Turín cené un magnífico rabo de buey en Casa Vicina, además lo regué con un Rosso di Verzella de las bodegas Benanti; ¡si llego a saber que ZP está tan necesitado de huesos le hubiera enviado los restos que quedaron sobre el plato! ¿Qué no haría yo por un menesteroso mental que desea ocultar su ineptud, meine Damen und Herren?; ustedes saben que soy una buena persona. En cuanto a Herr Garzón, sería conveniente que alguien le montara un nuevo Nuremberg en el que él podría ejercer de juez, fiscal, abogado, periodista, taquimecanógrafo, alabardero y bedel; de público no porque para eso Herr Garzón necesita su claque; como le ocurre a José Luis Rodríguez, el Puma: sin claque no es nada.
Antonella y yo habíamos quedado en Al Bicerin, el que durante muchos meses fue nuestro café. Yo estaba nervioso: manos frías, boca seca, mirada esquiva y encontraba un gusto ferruginoso en el tabaco. No obstante, cuando Antonella apareció, todo se condensó en algo: el latir blasfemo de mi corazón. No les mentiré, estimados parroquianos, su beso de saludo fue cordial aunque medido; ni más ni menos: cordial y medido. Yo la encontré tan atractiva como siempre y mi mente me retrotrajo al día que abandonó mi hogar: dolida pero serena al tiempo que decepcionada y resentida. Lo que en aquel entonces no supe entender, estimados parroquianos, lo comprendí en pocos segundos en el interior del café Al Bicerin: el lapso que media entre la primera mirada y el primer parpadeo. Asimismo, marcó el terreno de juego con prontitud: «sólo tengo dos horas». Un trueque perverso, queridos lectores: dos horas por dos años. No me ofendí, ya que el perdedor, y en esa historia yo soy el perdedor, no tiene muchas opciones. El tiempo transcurrió con premura y sus ojos nunca se contagiaron de la sonrisa de sus finos labios. Diez minutos antes de lo previsto me dispuse a partir; se lo debía, meine Damen und Herren, era yo el que debía salir derrotado del lugar. Nos despedimos con otro beso, aunque nuestras mejillas permanecieron unidas un tiempo prolongado; demasiado prolongado para que fuera casual.
Al salir al exterior me sentí destemplado y subí el cuello de mi gabardina. Caminé frente a la iglesia de la Consolata y encendí un Lucky; nada había cambiado: manos frías, boca seca, mirada esquiva y el sabor metálico del tabaco; son los riesgos de asomarse al pasado, meine Damen und Herren. Además, el cielo encapotado de Turín amenazaba lluvia, y cuando las primeras gotas comenzaron a caer, entendí que un mal día lo tiene cualquiera.

Foto: Botella de vermut Cinzano.


13 Comments:

Blogger Mary White said...

Preciosa canción... muy apropiada para hablar de los dirigentes españoles,que son tan dados a la palabrería.
Esta mañana me he acordado de ti al leer en la prensa que ZP ha pedido laayuda real para que Juan Carlos medie con Bush y poder asistir a la cumbre del G20.

Lo único que puedo añadir a este post es que aunque un mal día lo tiene cualquiera, tantos malos días que tienen ZP y su pandilla son excesivos... :)

7:48 vorm.  
Blogger Mary White said...

Disculpas, creo que no ha quedado claro... me he acordado de ti pensando en el post que esa noticia podría inspirar.

7:54 vorm.  
Anonymous Anonym said...

Esto de Internet empieza a parecerse a Matrix, si quieres seguir tranquilo con lo que te han contado hasta el momento tragate la pastilla azul, pero si te comes la roja puede ser que empiecen a desmontarse todos los simbolos, mitos y la demás basura que te han contado durante toda la puñetera vida.

Ya se que no viene a cuento, pero, he leido por la Red que Gandhi "dormía" con menores. ¿Sabe ústed si es cierto, o solo es una milonga? Podría contarme algo más sobre el personaje.

Muchas gracias y perdone el rollo.

8:18 nachm.  
Anonymous van said...

Que pedazo de cantante Mina. Y que bello el italiano que sale de su boca.
La cancion me ha sacado del texto, que he tenido que dejar a medias, para escribir estas palabras.

11:10 nachm.  
Anonymous Anonym said...

Aunque bello, un mal dia lo tiene cualquiera.
Yo miro, cada dia, el telefono que usaba para hablar con ella, escondido al lado de sus libros y sus recuerdos. Siempre encuentro lo mismo: silencio, pero antes de cogerlo pienso: ¿y si está ahí?. Luego me digo que ya no seria lo mismo, que quiza he perdido la fé que tenia en ella, esa seguridad de saber que siempre estaba ahí. En eso se basaba nuestra amistad, en tener la certeza que el mensaje llegaba, fuese contestado o no.
Pero despues me engaño y me digo: Podriamos contarnos tantas cosas...

11:42 nachm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

MARY WHITE:

Me alegro de que te guste la canción, que como bien dices es la banda sonora de muchos políticos. Respecto a su mendigar…no sé…me provoca mucha pena que ignoren a un gran estadista. De todas formas, Mary White, y ahora sin bromas, creo que el G-20 se equivoca con la decisión. Estoy convencido de que si escucharan las valiosísimas propuestas de ZP en materia económica la crisis tendría los días contados, ya sabes: comer conejo, no dejar propinas y ser siempre optimistas. En fin, ¡ellos se lo pierden!
Saludos.

2:17 vorm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

ANÓNIMO:

Yo sólo tomo pastillas naranjas: son las mejores.

2:18 vorm.  
Anonymous van said...

Nicholas:
Gracias al regimen que vivimos aqui, en España, todas las peliculas sobre nuestra guerra civil, o despues de ella, van en la misma direccion: ¿ocurre lo mismo sobre la segunda guerra mundial?
Tambien me gustaria saber si se parece en algo la sociedad española actual a la sociedad alemana de la epoca en que Hitler llegó al poder por las hurnas.
Tengo la impresion que las personas nos volvemos comodas y no queremos problemas, entonces dejamos que el estado piense por nosotros. Que dicen aborto? nosotros encogemos los hombros. Que dicen eutanasia? seguimos encogiendo. Que imponen una lengua? a mi plin. Que educan a nuestros hijos a su gusto? que pereza protestar ahora.

11:09 nachm.  
Anonymous Anonym said...

Pues eso... lo importante es lo importante, you know... y la B12!!!

12:44 vorm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

VAN:

Durante la guerra civil española ya fue la izquierda la que ganó la batalla de la propaganda; ¡qué no ocurrirá ahora!
En Alemania también llegamos a situaciones esperpénticas; sobre todo gracias a los políticos mamarrachos y esa especie de la que debe huirse como de una granizada: los intelectuales. Aceptamos — escribo en plural aunque yo no me incluyo— el eterno papel de malos, y eso ha impedido a varias generaciones conocer la realidad de los hechos. Sin embargo, en cada ocasión en la que la verdad intenta abrirse paso, “los de siempre” ponen el grito en el cielo; le señalo un par de ejemplos: la publicación de los libros de Jörg Friedrich — Der Brand; Brandstätten —, y la nominación al Oscar de una película alemana, Der Untergang. Puede asegurarle que en ninguno de esos casos se mentía (de hechos, los libros de Herr Friedrich aportan una documentación abrumadora); sin embargo abandonaban la senda habitual: el cuento maniqueo. El papanatismo, Van, no es patrimonio de los españoles.
Considero que es error establecer comparaciones entre sociedades de diferentes períodos históricos, ya que ni la mentalidad, las circunstancias, la cultura, el acervo o el entorno guardan similitudes. Sé que en España algunos establecen paralelismo con la Alemania hitleriana, pero yo creo que es una exageración. Tenga presente que el nazismo representa un Estado totalitario a todos los niveles; ustedes, como mucho, tuvieron un estado autoritario durante el franquismo. Extrapolar esos términos a la realidad española actual me parece un dislate. Por otro lado, Van, creo que el conformismo español forma parte de la idiosincrasia. Yo no les tengo por una sociedad con coraje civil; se lo digo con la confianza de que mi opinión no le molestará. Añadiría otras cuestiones, pero prefiero pecar de prudente. El nivelazo de la clase política que gobierna en España no deja de ser un reflejo mayoritario de la sociedad española; una pequeña biopsia. El inconveniente, Van, es que a todos los políticos, ¡todos!, les interesa ese estado comatoso de los españoles: les permite hacer y deshacer a su antojo. En otras cuestiones que usted plantea— aborto, eutanasia— no me siento capacitado para opinar.
Saludos.

6:59 vorm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

ANÓNIMA:

¡Lo adivinaste! Besos.

6:59 vorm.  
Anonymous van said...

Gracias por su tiempo, Nicholas.

10:56 nachm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

VAN:

De nada, es un placer. Saludos.

8:06 vorm.  

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