Donnerstag, September 04, 2008

¿TE HAN CLAVADO "EL CHORIZO"?


LICENCIA: 4. f. Abusiva libertad en decir u obrar.

Ignoro si sobre el arte del ligue existe alguna enciclopedia, «biblia», colección de fascículos semanales a todo color con dvd de regalo, algún libro de autoayuda o curso CEAC por correspondencia; ya saben, meine Damen und Herren: «Como ligar en tres horas, tomar dos copas y pegar un colchonazo»; aunque si el título fuera cierto, el siguiente curso que debería realizarse versaría sobre los trucos para evitar la eyaculación precoz: cada «música» requiere un ritmo determinado, queridos lectores. Sea como sea, es en el arte del ligoteo donde mejor se demuestra la polivalencia de una persona, porque el destino reparte las cartas con una extraña cadencia y ecuanimidad: el feo intenta ser simpático; la poco agraciada desarrollar una personalidad atrayente; el horroroso no se preocupa de nada, y así y todo siempre encuentra a alguien que se fijará en él, sea por ebriedad, interés científico o porque elabora una tesis doctoral sobre Quasimodo. De la misma forma, el escuerzo femenino también tendrá su oportunidad, ya que la percepción masculina de la belleza y los escrúpulos disminuyen conforme la noche avanza: ningún cazador desea regresar al hogar con el zurrón vacío y…«las bolsas» llenas.
El apartado de los guapos— pero…guapos, guapos— sería tan extenso que merece un escrito aparte. Durante mi época española de bachiller, tuve dos auténticos maestros en el fino estilismo del ligue: un compañero apellidado Cebollada (les prometo que es cierto, aunque a mí me impactó entonces tanto como a ustedes ahora) y otro al que identificaré, por discreción, con la inicial de su nombre X. (de Xavier, claro está). Ambos utilizaban sistemas tan antitéticos como efectivos, y yo, excepto tomar apuntes, mostré el mismo interés que un alumno aplicado. El primero siempre utilizaba el mismo truco: oteaba las presas desde el altozano de la pista de baile, se acercaba con una sonrisa descarada y después formulaba una pregunta: « ¿Te han clavado “el chorizo” alguna vez?». Meine Damen und Herren, la primera vez que escuché una declaración de amor tan romántica y tierna sentí que la sangre se me helaba en las venas, que las pupilas se me contraían en un movimiento de significado ignoto, que la Tierra detenía su rotación y que presenciaba algo que por sí solo justifica toda una existencia. Sin embargo la táctica funcionaba, estimados parroquianos, porque veinte minutos más tarde, ambos se enzarzaban en la realización de una endoscopia gástrica, a tenor del ímpetu que demostraban en introducir la lengua en la boca del otro. No obstante, meine Damen und Herren, yo sabía que lo más difícil para mi amigo estaba por llegar: decir su apellido.
X., por el contrario, utilizaba otro sistema: entablar una conversación casual— pedir fuego, un equívoco (¿tú eres la amiga de…?), etc. — seguida de cháchara, para después, como el que no quiere la cosa, colocar una bola sobre desgracias propias que despertaba la compasión de la escogida. El resultado, una vez más, era el mismo: endoscopia gástrica. Creo que fue en ésa época cuando descubrí la lentitud con la que puede fumarse un pitillo, la importancia de la meditación y lo que debió sentir Cristo en la cruz, porque así me sentía yo, meine Damen und Herren: «colgado» entre dos ladrones. Con todo y con eso, en una ocasión, impelido por las coñas de mis amigos, decidí probar fortuna, y opté por la fórmula del ahora Dr.Cebollada. Me acerqué a una chica, más pendiente de las risas maliciosas de mis amigos que de mis propios pasos, y cuando estuve ante ella sólo pude balbucear: «A ti…a ti…». Ella me observó con una de esas miradas femeninas que desgarran más que un latigazo y permaneció callada. Transcurridos unos segundos que se me hicieron eternos, rompió su mutismo: «Eres el más tonto de los tres, tú no necesitas decir groserías ni mentir». Rebuscó en su bolso hasta encontrar un bolígrafo y escribió en el anverso de mi mano su nombre— Beatriz— y su número de teléfono. No lo he olvidado, meine Damen und Herren, es más: miro mi mano y parece que las cifras brotan de nuevo; quizá se debe a que los buenos recuerdos son el mejor tatuaje: nuestra relación duro sólo un año, pero fue algo intenso.
Cuando regresé junto a mis amigos tuve que soportar sus chanzas («¿te ha puesto una multa por tonto?»), aunque ellos no se percataron de un detalle: yo escondía la mano derecha en el bolsillo.
Hoy no hay zarpazo, meine Damen und Herren: hasta las mejores partituras incluyen silencios. Ayer, al filo del amanecer, recibí un sms del Dr. Cebollada en el que me comunicaba el nacimiento de su tercera hija, ¡la tercera niña! Quizás se deba a lo que les expliqué antes: la extraña cadencia y ecuanimidad del destino.
Me consta que él lee Josephsplatz y sabe que mañana, en el hospital donde está ingresada su esposa, recibirán dos ramos de flores; como en anteriores ocasiones: uno para cada uno de ellos. Mientras que en la tarjeta del ramo de la madre consta la típica fórmula de enhorabuena, mi amigo deberá leer por tercera vez la misma pregunta: «¿Te han clavado «el chorizo» alguna vez?»

APOSTILLA.- José Luis Rodríguez, el Puma, es el mismo inepto de siempre. Ustedes ya saben que con los tontos debemos ejercer la caridad y ser pacientes; por ése motivo Josephsplatz se permitió una pequeña licencia. Gracias, meine Damen und Herren.

Foto: Sí, en varias ocasiones. ¿No se nota?

6 Comments:

Blogger Ignacio said...

¿me pasarías el tf de la de la foto, que le quiero hablar de matar humanos?

6:58 nachm.  
Blogger H said...

Me ha encantado...

10:40 nachm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

IGNACIO:

"Matar humanos", jajajaja. Lo lamento pero no tengo el teléfono de la tierna manceba.Intentaré conseguirlo.
Saludos.

2:16 vorm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

H:

Me alegro. Gracias y saludos.

2:16 vorm.  
Anonymous Anonym said...

.))))))))))))))))))))))) siempre serás un cabrón)))))))))))))))Nico
besos y gracias
pero eres un cabrón )))))))

3:04 nachm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

ANÓNIMO
Es cierto que en ocasiones soy un cabrón, pero ello se debe a las malas compañías que frecuento: tú ya me entiendes.
Cuídate. Un abrazo.

1:53 nachm.  

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