Montag, Februar 11, 2008

LA ENTREVISTA / 2


Thomas de Quincey escribió lo siguiente: «El despeñadero de las malas costumbres no tiene fin: Se empieza por cometer un asesinato, luego un pequeño hurto y se acaba por no respetar los modales en la mesa». Nada más cierto, meine Damen und Herren, de ahí que observar a una persona durante una comida sea el mejor momento para formarnos una idea de su educación, modales y savoir-faire. De todas formas no deben preocuparse, si atienden a mis consejos, saldrán airosos; además tengan presente que el parvenu es el anfitrión. No olviden que el pan se sitúa sobre un platillo a la izquierda del comensal, aunque ZP actuará como siempre: dudará, picará de ambos — izquierda y derecha—, escampará migas por doquier y después sonreirá. El menú, seguramente, lo compondrán alimentos flatulentos: judiones de la Granja, garbanzos, coliflor, col, judías (pintas o blancas), etc. No manifiesten sorpresa alguna y piensen que es lógico, ya que El Puma es un político neumático, un auténtico especialista en dinámica de gases, y necesita hincharse a diario; más, desde que hace cuatro años comenzó a desinflarse. Aunque ZP se anude la servilleta al cuello, les sugiero que ustedes no obren igual: no es estético ni adecuado y puede generar reflexiones inquietantes: Si un hombre no es capaz de manejar una cuchara sin mancharse, ¿cómo puede regir los destinos de una nación? En cuanto a los vinos no deberán preocuparse: estarán escogidos, catados, y si el caldo lo requiere, decantados. Al tratarse de una comida junto al gran estadista, intuyo que éste les ofrecerá algo que esté acorde a su calidad como político: Chateau Don Simón, Mouton-El tío de la bota, o incluso algo insuperable: Romanée de la Facultad de Química. Durante el ágape no se preocupen de la conversación, ZP no puede hacer dos cosas a la vez. Ahora bien, podría ser que el silencio prolongado les incomode. No lo hagan, consideren que El Puma cree que la política es el arte de vender enciclopedias a domicilio, y hasta el mejor vendedor calla durante su pausa para la comida. Por el contrario, entre plato y plato realicen algún comentario que dé pie a una réplica prolija de ZP. No obstante, debo aconsejarles que se inclinen por un tema liviano: los magníficos diálogos de Harpo Marx, la prosa y prosodia de Pepiño Blanco, el tanotopractor que maquilla a De la Vega o demuestren interés por el poemario del ministro Bermejo, que según me han informado se titulará Gruñidos en soledad. Mi amor por Darwin.
Yo declinaría el postre, estimados parroquianos, ya que varias horas con un sujeto tan almibarado y espumoso como la leche merengada es todo un reto para el páncreas más recio. Respecto al café repitan tantas veces como les apetezca, ya saben que El Puma lo considera algo barato, casi tanto como sus principios y forma de expresarlos. Si les ofrecen algún destilado o licor para sufrir la sobremesa, deberán mostrar su agradecimiento mediante la elección de un whisky que esté en consonancia con la inteligencia del anfitrión: un Garrafa’s blended sería lo apropiado. Añadan, eso sí, unas gotas de agua helada, porque ésa marca deja un regusto insólito, como ZP. Una tertulia sin un buen veguero es como una ducha sin jabón, por ello supongo que les ofrecerán los que deleitan al Puma: La flor de Chacón. No acepten, son apagones, con poca fortaleza y muy justitos de tiro: continúen con su tabaco; está permitido. La modorra comenzará a hacer mella en ustedes, ya que escuchar unas ideas que surgen del subsuelo donde pastan los sujetos como ZP es soporífero, pero no se preocupen, el final se acerca: El Puma siempre duerme la siesta, aunque yo creo que nunca se ha despertado de la primera que hizo.
Al salir no ensalcen la decoración, es un tema espinoso y siempre subjetivo que da lugar a malentendidos. Imagínense, por ejemplo, que ustedes alaban «el Buda de la entrada» y ZP les corrige: «Es Moratinos, el ministro de Asuntos Exteriores». Meine Damen und Herren, ustedes quedarían como cocheros y malbaratarían los consejos de Josephsplatz. No lo hagan, por favor. Después, mientras regresan a su hogar, pueden mostrarse orgullosos; es más: luzcan «una sonrisa amplia» y «alegría»; lo consiguieron.

Foto: Gordon Jackson (1923-1990): El mayordomo perfecto.

2 Comments:

Blogger El Cerrajero said...

Aplausos y gracias por los brillantes consejos pero no creo que aguantase ni un segundo bajo el mismo techo que Rodríguez el Traidor xD

12:14 nachm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

CERRAJERO:

Gracias, amo de las ganzúas. No te preocupes: no es cierto que el aburrimiento mate; al contrario, puede soportarse.
Saludos.

10:51 nachm.  

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