Mittwoch, Februar 13, 2008

JAMÓN BERLINÉS



JAMÓN: 1. m. Pierna trasera del cerdo, curada o cocida entera.

Hoy en Berlín hemos disfrutado de un de esos días que me gustan: frío pero soleado. La ciudad, a pesar de lucir el Sol, se muestra como un firmamento tachonado de estrellas, ya que se celebra la Berlinale; ya saben: frivolidad, advenedizos, vendedores de productos varios, etc. En vista de que la climatología acompañaba a mis ánimos decidí pasear, y deambulé de un lado a otro a la búsqueda de no sé qué. Mis pasos erráticos me condujeron a uno de mis locales preferidos, cuyo propietario— Herr Hazard— decidió acompañarme a la terraza para tomar un delicioso café turco. Allí estábamos los dos, quemando el tiempo con la parsimonia del ocioso: un cigarrillo tras otro, intercambio de opiniones, silencios que aposentan las ideas, miradas soslayadas hacia las mujeres atractivas, y rodeados de un aprecio mutuo que prescinde de la demostración. Después continué con mi vagabundeo, y ¿saben a quién me encontré? Increíble, meine Damen und Herren, ¡a Mariano Rajoy! Sé que no es nada excepcional, estimados parroquianos, ya que hasta en los confines del mundo encontraremos a un gallego. Al parecer él también quería disfrutar del sol berlinés, aunque cambió a Herr Hazard por la canciller Merkel. Además, como buen español, el líder del PP viajó a Alemania con alimentos de su país: un jamón, cava y morcilla. Pero no eran para él, meine Damen und Herren, sino un regalo para Frau Merkel; supongo que en una nueva versión del oro, el incienso y la mirra. Sin poderlo remediar, una pregunta restalló en mi cabeza: «¿Por qué no me visita a mí?».
La entrevista con Angie fue cordial, no debemos olvidar que la canciller utiliza un estilo de «café de cocina entre vecinos», y eso, qué duda cabe, tranquiliza al visitante. No obstante, y después de escuchar algunos de los proyectos de Rajoy, Frau Merkel le avisó de que sacar a colación durante una campaña electoral el tema de la inmigración es un tema delikat; incluso temerario. Rajoy se zafó bien, contraatacó con los datos económicos que reflejan la realidad española y las encuestas que indican la preocupación de los españoles por la inmigración excesiva y descontrolada. El resto de la entrevista no dio para mucho más: foto de rigor, buenas intenciones y faena rápida y aseada. Rajoy y su comitiva desaparecieron, y yo decidí seguirles: albergaba la secreta esperanza de que un jamón durmiera en mi domicilio; es innecesario que les diga que dormiré solo. La siguiente estación era la sede de la C.D.U.— Christlich Demokratische Union Deutschlands—, el homólogo alemán del P.P. Más de lo mismo: fotos, rueda de prensa y mensajes afines. Yo tengo un defecto, meine Damen und Herren: cuando voy al teatro, fijo la vista en las bambalinas y no en el escenario. Además, sé que es lo que a ustedes le interesa. Entre los periodistas — esos individuos que se dedican a una profesión tan vilipendiada pero que lo hacen de buen grado ya que intuyen que la alternativa es peor: trabajar— había algunos españoles, y una vez más, éstos se mostraron indiscretos al considerar que nadie podía entenderles: ¡Craso error!, allí estaba yo, un ocioso dispuesto a conseguir un jamón. Por lo que pude escuchar, Rajoy no deseaba utilizar el tema de la inmigración, pero sus estrategas de campaña le convencieron de que era necesario y debía utilizarlo; él cedió. De todas formas, la entrevista que mantuvo con Sarkozy, en la que el líder francés le mostró la problemática que ocasiona el exceso de inmigrantes, fue una revelación para Rajoy y el último empujón que necesitaba para que sus dudas desaparecieran.
En un rincón, un periodista español afecto al régimen— ya saben, de ésos que vendería la virginidad de su hija adolescente en un burdel turco con tal de conseguir una llamada de la Moncloa— dijo lo siguiente: «Pepiño está desquiciado, no sabe cómo contrarrestar algo así». Una extraña mujer de más extraña faz terció: «Cuando viajo a España, lo que me jode es que el camarero no entienda lo que le pido». Una aseveración tan grave merece unos segundos de curiosidad, y miré el reloj a la espera de una aclaración, que llegó precedida de la pregunta que hizo otro periodista: «¿Qué pides?»; a lo que la mujer replicó: «Un café descafeinado con leche descremada natural y sacarina». ¡Impagable, meine Damen und Herren!: ¡un «desgraciado»!, la idiosincrasia española nunca dejará de fascinarme.
No obstante, Rajoy supo cómo lidiar a los medios, tiene talla de estadista. Yo seguía en la platea y pude presenciar un momento tierno. La mujer de extraña faz aseveró lo siguiente: «Rajoy no sabe cómo contrarrestar los datos económicos de ZP». Presté atención, sabía que estaba ante uno de esos momentos que justifica toda una vida, y un sujeto, de ésos que pasan sus horas muertas en la terraza de un café turco, respondió: «¿Economía?, la única economía que le interesa a un español es la de su vecino, y cuanto peor sea ésta, mejor».
Una hora más tarde regresé a la terraza de Herr Hazard, necesitaba la cadencia especial que toma el tiempo de un ocioso en la terraza de un café turco; sin jamón, lógicamente.
Foto: Mi sueño.

4 Comments:

Blogger El Cerrajero said...

'la única economía que le interesa a un español es la de su vecino, y cuanto peor sea ésta, mejor.'

Así somos los españoles (todos, por mucha nación de naciones, por mucho hecho diferencial que se quiera o por mucha leche que se inventen los políticos): aprendices de mala gana de cualquier cosa y maestros consumados de los siete pecados capitales.

11:15 vorm.  
Blogger Samuel said...

Bueno, bueno, hoy ha estado usted especialmente duro con mi campo de estudio. Le doy la razón en que los periodistas somos algo holgazanes y pecamos de apasionamiento, pero aún así creo que es un trabajo que alguien debe hacer, aunque sólo sea para hacer ambiente en las puertas y los pasillos.

Sí pongo en duda que la carrera de Periodismo sea más útil que un puñado de horas de biblioteca y que la gente, al menos la nueva generación, tiende a ser rematadamente superficial, porque sin interesarse por nada en concreto, aparentan entender de cualquier tema. Basta indagar un poco para ver que no sabemos nada.

Y volviendo al asunto central, creo que Rajoy es comprendido entre la derecha europea y que no le notan esa cara singular de facha intolerante que sólo la más avispada progresía intuye. Pasear lo español por el continente, aunque nos llene de bochorno, es el primer paso para ir acostumbrándose a otra clase de aires. Si los españoles fueran irremediablemente necios, sólo cruzarían los Pirineos para decir alguna patochada y dárselas de tíos valientes, como ZP, pero conviene que en el exterior vean que aquí también se crían estadistas de altura.

Un cordial saludo.

3:02 nachm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

CERRAJERO:

No seas tan duro, destroza bombines, todos los países tienen algo. Creo que los españoles necesitan madurez democrática y entender que, por encima de sectarismos (no hablo de ideologías ya que lo considero un término desfasado), la queja siempre es lícita. Cuando los españoles entiendan que un político no es más que un gestor y que pueden exigirle resultados o despedirle si éstos no son buenos, vuestro país avanzará. El problema es que de tanto en tanto os aparece algún iluminado que desea retrotraeros a tiempos pasados mediante la apelación a las emociones.
Saludos.

8:37 nachm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

SAMUEL:

No era mi intención, Sr.director; guiños propios de un feuilleton. Si todo se debiera al apasionamiento lo disculparía, pero la deriva que tomaron los medios de comunicación españoles…en fin: todos están escorados. No creo que sea conveniente— por el bien de la profesión sobre todo— que determinados periodistas confundan una entrevista con un debate, en el que el amanuense elabora un argumentario que contrapone al del entrevistado. Será lo que algunos denominan «periodismo de autor», aunque todos sabemos que se trata de otra cuestión. Muchos de los periodistas más valorados, sobre todo en televisión, abandonaron el periodismo para convertirse en artistas, ya que ante una cámara ¿quién no demuestra su vena de showman? La impresión que causan es que siguen al pie de la letra el adagio periodístico: «No hacer una pregunta cuya respuesta es desconocida». Sea como sea, Sr.director, es cierto que tratamos sobre un trabajo que alguien debe realizar.
Respecto a Rajoy no quise explayarme ya que impongo un límite a mis escritos, a pesar de que en algunas ocasiones lo sobrepaso. De todas formas confío en que si alguien desea saber algo más preguntará en los comentarios. Merkel está muy satisfecha con Rajoy y desea que gane, el motivo es sencillo: los políticos serios europeos comprendieron que es necesaria una política común entre los estados para atajar o solventar los problemas que tiene, y que se incrementarán, nuestro continente. Tipos mediocres como ZP, en los que no se puede confiar y han demostrado una mediocridad que asusta, no ayudan a la famosa construcción europea. Individuos que fomentan la desunión en su propio país ¿cómo pueden contribuir a la unión de otros? Un individuo que estaba allí dijo una frase que considero elocuente; y cito: «Es curioso, Nicholas: El presidente del Gobierno español parece que se mueve por el mundo para mendigar fotografías con políticos importantes y que éstos le den la bendición. Y éste, que está en la oposición, se limita a explicar sus proyectos e ideas».
Ahora, si usted me lo permite, le expondré la impresión que me causó la visita de Rajoy: Es un líder que reciben y tratan con respeto. ZP, al contrario, es tratado con la deferencia obligada al cargo, pero nadie confía en él ni en sus ideas, ya que intuyen que es una veleta que gira en función del viento que sopla en su país y que sus compromisos adolecen de una levedad que en diplomacia nunca será bien recibida. Además, y aunque sea un tema que no se menciona, nadie ha olvidado «las condiciones» de su llegada al poder. Mi afirmación no encierra nada más, Sr.director. Por otro lado, la política interna de ZP tampoco es del agrado de muchos, e incrementa, a su vez, la desconfianza hacia el gran estadista. Los motores históricos de Europa siempre fueron Alemania en lo económico y Francia en lo político; y sus respectivos líderes desean contar con una España fuerte, sólida en sus principios, una aliada incondicional que cimentará el proyecto europeo. Sin embargo, con ZP han encontrado a un pobre hombre que rema contracorriente, errático, con ideas que se mueven como la hojarasca en un día ventoso y que utiliza unos argumentos demagógicos que ninguna izquierda europea, ninguna, emplea para gobernar: nadie quiere socios de semejante categoría. Los líderes serios de Europa, entre los que no ZP no está, huelga decirlo, desean que nuestro continente comprenda que tiene intereses propios que debe defender; en cambio, con Rodríguez saben que tendrán un socio que sólo comprende sus propios intereses y persigue cubrir sus necesidades, sin que le importen las consecuencias que sus actos pueden tener para sus vecinos. De ahí, que en la última entrevista entre Merkel y ZP, la canciller le impusiera unas normas de obligado cumplimiento en varios temas, entre ellos la política inmigratoria. Sé que son cuestiones que no trascienden en España, aunque sí en el resto de países. Tal y como expliqué, Angie advirtió a Rajoy de los peligros que encierran determinadas cuestiones — la inmigración—, pero Rajoy dejó claro que los argumentos demagógicos de la izquierda se la traían al fresco. Es más, durante la segunda rueda de prensa, un periodista alemán de tendencias socialistas le preguntó al respecto. La respuesta, no podía ser de otra manera, fue similar. No obstante, le explicaré algo que sí llamó mi atención: La canciller se interesó por las posibilidades de crear una gran coalición, al estilo alemán, si el resultado de las elecciones no permiten al PP gobernar con holgura. Rajoy dijo que no lo imaginaba. Resulta curioso ya que en la entrevista con Gabilondo explicó que lo primero que haría sería llamar al PSOE. Una coalición entre los dos grandes partidos españoles es imposible, al menos con ZP al frente del PSOE. Ya veremos.
Saludos y disculpe la extensión.

8:38 nachm.  

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