Dienstag, November 13, 2007

COTILLEOS / 1

CUMBRE: 3. f. Reunión de máximos dignatarios nacionales o internacionales para tratar asuntos de especial importancia.
Algunos de sus comentarios me han retrotraído en el tiempo, meine Damen und Herren. Yo no soy alpinista, prefiero recorrer metros en horizontal en lugar de hacerlo en vertical. Con todo y con eso, he pisado alguna «cima». En mayo de 2006, fui a observar la cumbre que se celebró en Viena, y que tenía por objeto reunir a los representantes de la U.E. y América Latina-Caribe. La finalidad de dicho encuentro me resultaba ignoto— todavía perdura el desconocimiento—, por lo que me dediqué a observar lo que ocurría entre las bambalinas; es decir: a cotillear. Ya que este espacio tiene vocación de feuilleton, creo que puedo explicarles algunas de las curiosidades que nunca nadie suele comentar. Antes, por eso, creo conveniente señalar que muchos de los países que asistían gozan de una pobreza endémica, que redunda en el «elevado nivel de vida» de sus habitantes. Todos los mandatarios escogieron para su alojamiento los mejores hoteles vieneses: Imperial, Sacher, Grand Hotel, Bristol, etc. Lo cierto es que no me sorprendí, meine Damen und Herren, ya que el nivel de sibaritismo de un presidente sudamericano es directamente proporcional al nivel de miseria del país al que representa.
Por uno de esos extraños caprichos que la fortuna me depara, pude observar de cerca al matrimonio Kirchner; ya saben: los próximos candidatos para ampliar el círculo de amistades de ZP, el Sobrio. Herr und Frau Kirchner se alojaban en el Hotel Sacher— comme il faut— , y lo primero que me llamó la atención es que su esposa Cristina— la próxima presidenta de Argentina— le llamaba por el apellido: Kirchner. Mi fantasía, ya de por si disparatada, no me privó de imaginármelos en plena coyunda: «así, Kirchner, así»; «fóllame, Kirchner, fóllame»; «méteme de todo menos miedo, Kirchner»; «tiras como un tractor, Kirchner»; «hasta las bolas, Kirchner». Reconozco, meine Damen und Herren, que nunca seré un romántico; pero es que llamar a tu marido por el apellido…no sé…¡se me antoja algo mercantil!; o quizá, como diría ella, es que soy un boludo.
Unos extraños hombrecillos de pegajoso acento nos informaron de que Frau Kirchner era una persona culta y amante del arte; y lo que es mejor: sabe apreciarlo. Por ése motivo, se preparó un programa digno de tan erudita visita: Kunsthistorisches Museum, Belvedere, Leopold Museum, Albertina, etc. Yo, que sé que los argentinos sólo vibran con cuatro cosas (hablar, hablar, hablar y hablar), quedé algo sorprendido. Además, el programa de Frau Kirchner comenzaba temprano: 09:00 horas. Una legión de personas, tanto del séquito como contratadas al efecto, es decir, cobraban por horas, esperaba todas las mañanas en vano: nunca se levantó antes del mediodía; llegando, incluso, a desfilar por el reformado vestíbulo del Sacher a las 17:00 horas. ¡Qué bueno que viniste! Llegado ese punto, intuí que el amor al arte y a la cultura de Frau Kirchner tenía la misma fortaleza que una cerilla frente a una ventana abierta en una tarde de tempestad. Ni pintura, ni escultura, ni música ni nada que merezca el nombre de arte; a no ser, claro está, que dedicarse a las compras en las mejores tiendas del Graben y el Kohlmarkt sea una nueva versión de arte; abstracto, lógicamente. La rioplatense, sin embargo, demostró una gran preocupación: encontrar una peluquera que pudiera arreglar las extensiones de su cabello. ¡Qué espectáculo, queridos parroquianos!, la guardia pretoriana movilizada para encontrar…¡una peluquera! Mejor que un tango, meine Damen und Herren. No obstante, lo más sabroso, al menos para ustedes, estaba por llegar. El presidente de la república austriaca— Heinz Fischer— ofrecía una recepción a los dignatarios bananeros. ¿Se imaginan quién llegaba tarde? Si para un alemán la puntualidad es obligada, para un austriaco es señal de educación. Así se lo comenté al tipo que dirigía el rebaño, el cual me replicó, con un acento que me recordó al de Maradona (atiborrado de cocaína), lo siguiente: «no pasa nada, al Rey de España le hicimos esperar más de una hora».
¡Qué bueno que viniste!
Foto: Es motivo de orgullo y honda satisfacción...

3 Comments:

Blogger El Cerrajero said...

Se aprovecharon del corralito y tienen a Argentina en un establo.

A la oveja Dolly la clonaron a partir de un gen latino.

2:59 AM  
Blogger Nicholas Van Orton said...

CERRAJERO:

Nunca he comprendido qué pasa por la cabeza de los argentinos para que sigan confiando en sus políticos.

10:16 PM  
Blogger El Cerrajero said...

Algo pasa, sin duda. Tal vez de ahí venga la pasión argentina por el psicoanálisis xD

12:37 AM  

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