Samstag, Oktober 13, 2007

FRANKFURTER CHRONIKEN / 2

Tal y como era de esperar, el discurso — revisado, corregido y autorizado por la Generalitat— fue el típico gazpacho nacionalista; con poco ajo, eso sí: mentiras, medias mentiras, comparaciones extrañas, sofismas y filosofía de andar por casa con el pijama y las zapatillas. El final de la arenga fue apoteósico: aplausos, lágrimas tímidas que asomaban en ojos enrojecidos y voces quebradas por tantos años de opresión. Yo tengo otra veredicto sobre la soflama: pretérito ficticio, presente falso y futuro…imperfecto. Acto seguido, ocurrió algo inimaginable: el Molt Honorable José Montilla habló. Si, estimados parroquianos, ¡sabe hablar! En un principio pensé que asistía a un número de ventriloquia, pero no: el gris se hizo verbo. Con todo y con eso, debo reconocer que Montilla ha mejorado en el dominio del catalán; creo que hasta él conseguiría el nivel que exige a los barrenderos. Ése hombre vale mucho, siempre lo he pensado, aunque no creo que necesite una caja de caudales para guardar su inteligencia.
Entre el narcótico tono del Molt Honorable y la penumbra que rodeaba a los asistentes, no pude mantener mi concentración. Por ése motivo, me dediqué a observar de soslayo a M.: la encontré tan atractiva como la primera vez que nos vimos. Ella debió notar el contacto de mi mirada porque se giró. «Mucho mejor» dije para disimular mi interés. M. sonrió veladamente y después replicó: «Tú también». Meine Damen und Herren, sabía que estaba ante uno de esos momentos en los que un hombre debe decidir si avanzar un paso más o permanecer quieto; pero la ovación cerrada por el soporífero monólogo me sobresaltó y rompió mis vacilaciones: la invité a cenar.
El resto de discursos no aportaron nada a los anales de la retórica. Por el contrario, las conversaciones posteriores que algunos mantenían en corrillos después de rendir pleitesía y parabienes a los políticos fueron sabrosas; más que nada porque las personas se vuelven muy indiscretas cuando creen que el que pasa por su lado no les entiende. Al igual que al girar el dial de una radio, retazos de expresiones llegaron a mis oídos: «sempre serà un xarnego», «qui paga, mana», « fer negocis», etc. Algunos, los más atrevidos o quizá los más bebidos, reclamaban al político de turno la concesión del Nobel de Literatura para un escritor catalán; mejor dicho: que escriba en catalán. Sin embargo, fue la expresión «habrá un antes y un después» la que más escuché. A la hora de las fotos, los codazos disimulados ejercieron de acomodadores, todos querían dejar constancia gráfica de la gran kermesse: «Yo estuve en Frankfurt». Sospecho que con el paso de los años los recuerdos se trocarán por exageraciones, cuando no por embustes; pero es lógico, estimados lectores, ya que los escritores se nutren de mentiras que suelen adobar con despojos de su memoria.
Gracias a un acuerdo tácito con las editoriales, los relevantes llegarían un par de días después. Ello provocó más excitación entre el rebaño de aspirantes a una entrevista en el sofá azul, a reuniones que utilizarían como magnificencia personal, y a desgranar el rosario de mensajes…institucionales. A los pobres les concedieron dos días de asueto, pero nada: ni ruedas de prensa multitudinarias, ni periodistas parapetados detrás de una línea de micrófonos ni la oportunidad de hablar de la opresión histórica; que a muchos, sin embargo, les ha servido de excusa para justificar los tostones literarios habituales. Ahora bien, en un punto todos estaban de acuerdo: si la literatura catalana no funciona, es por culpa de…«los otros».
Cuando llegué al vestíbulo del hotel, observé a M., que me esperaba sentada en una butaca. Me alegré, en un arranque de nostalgia invencible, al percibir el delicado gesto que hace cuando fuma para no estropear el carmín de los labios. Pero no fue sólo eso lo que me agradó: M. lucía una pulsera que le regalé una noche de junio en la terraza de un coqueto hotel, situado sobre los acantilados de Etretat. Decidí olvidarme de...«los otros».

1 Comments:

Blogger El Cerrajero said...

Como has podido comprobar en primera persona, nunca antes se vió tanto chorizo en la tierra de las salchichas.

1:55 nachm.  

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