Freitag, November 02, 2007

CARAJILLOS / 2

Nada existe tan deprimente como una cena de ex – alumnos. Es la ocasión propicia para comprender que los recuerdos y el paso del tiempo no forman un buen matrimonio; y que las experiencias, nacidas de un parto vergonzoso, cambian cada quinquenio en función del desgaste o el castigo de la vida. El que prometía se quedó en promesas; el que apuntaba maneras observa la vida a través del punto de mira; el que quería operar a corazón abierto es visitador médico y tiene el corazón cerrado; el que pensaba que el devenir es un camino recto ha descubierto lo serpenteante del destino y no tiene mapa ni brújula; el gracioso sigue con las mismas bromas; y el tonto, tan tonto como siempre. Anécdotas revenidas y rancias, recuerdos trucados y el paso grotesco y contradictorio de la vida. Lo cierto es que me aburrí, meine Damen und Herren, y decidí retomar los pensamientos que me asaltaron al mediodía mientras tomaba un carajillo en el Zanzi-bar. Para entonces ya había comprendido que Barcelona era un queso Emmental y que, gracias a la habilidad de Montilla y ese grupo de ineptos que se denomina Tripartit, apestará como un Cabrales.
Los trenes de cercanías de Barcelona, que siempre me han recordado la línea que cubría el trayecto entre Colombo y Candi, en la antigua Ceylán, no funcionaban. El colapso, por la tanto, era inevitable. Las alarmas sonaron en el Govern y también en la Moncloa. ZP, el Derrumbes, sabe que el cobre debe batirlo en Cataluña, y por los datos que el palanganero Montilla le proporciona, intuye que la abstención tiende a superar todas las expectativas. Pero es que el pobre ZP construye atajos, y lo que es peor: los recorre. Alguien debería explicarle que desde que nacemos todos somos enfermos terminales y que tardaremos más o menos, pero el día de la despedida llegará. Él, sin embargo, rezuma verdad, hace del humor una ideología y de la imbecilidad una patria; pero es ése humor el que nos sirve a los demás para comprender el dramatismo y la miseria que encierran los chascarrillos del gracioso. Los ciudadanos, mientras tanto, forman largas colas en improvisadas paradas de autobús. El Molt Honorable Montilla dudaba sobre cómo esconder la evidente ineptitud o erigirse un monumento al desaguisado. Ante la orfandad de soluciones, los próceres catalanes optaron por el peloteo: «alabamos el civismo de los ciudadanos». ¡Hombre, meine Damen und Herren, muchas alabanzas!, pero escondidos en las bocacalles cercanas a los puntos de reunión de los autobuses, las dotaciones antidisturbios de la policía autonómica esperaban la orden de propinar garrotazos y mandobles — en catalán, por supuesto— si alguien generaba una ola sobre las aguas plácidas del oasis. Yo, que soy un amante de la zoología, quise presenciar cómo se pastorea un rebaño en una ciudad y me desplacé a varios lugares. Bucólica y tierna escena, estimados lectores: ovinos que pastaban sobre el asfalto. Con un bamboleo cansino y dócil, los pasajeros subían a los autobuses; algunos, los más hartos, se atrevían a exorcizar su frustración mediante ignotas invocaciones: «les votará su puta madre». La mayoría, por el contrario, emitía imaginarios balidos y lucía la mirada mansa del que se sabe borrego. ¡Ah, queridos parroquianos, cuánta lana hay por el mundo!, y no es lana virgen, ya que el pensamiento de los catalanes ha sido procesado una y otra vez. Lástima que yo sea fiel a Burberry, de lo contrario podría haber tejido muchos jerséis y un par de bufandas. Decidí acercarme al bar Tahita para tomar otro carajillo. Mientras removía el café con la cucharilla, no pude dejar de pensar en la cadena de resignados; que al pie del autobús y con el desengaño por uniforme, semejaba un ejército derrotado camino del cautiverio. Para un observador ajeno como yo resulta curioso que los políticos catalanes se lamenten de que desde el aeropuerto del Prat no puede llegarse sin escalas a cualquier rincón del planeta, cuando no pueden garantizar ni que los barceloneses recorran en tren los escasos 20 kilómetros hasta el aeropuerto.Sé que los catalanes no lo entienden y siguen creyendo que Madrid y España tienen la culpa de todos sus males. Pero deberían saber que en los últimos ocho años Madrid ha construido 110 Km. de metro suburbano; en Barcelona, por el contrario, 10 Km. La financiación era la misma pero el objetivo era otro: Madrid construye un metro; Barcelona, una nació, una literatura universal en Frankfurt o en cualquier lugar de feriantes, y una selección de bolos. Si yo fuera catalán, estaría cansado de serlo. Decidí tomar otro carajillo para eliminar la inquietud; de Anís del Mono, como siempre.
Foto: Etiqueta de Anís del Mono. 1907.

3 Comments:

Blogger El Espantapájaros said...

Una vez más de regreso, por lo que veo, y no sólo a tus artículos en el "blog" (las cenas de ex alumnos deben ser deprimentes, toda vez que ya lo son de por sí las de alumnos a secas). Siempre bienvenido y siempre esperado.

La parte en la que hablas de borregos, rebaño y lana me ha resultado muy reveladora, pues a mi cabeza ha venido una imagen similar de ovejas: las que hacen cola desde deshoras de la mañana en las comisarias para conseguir el DNI. ¡Desde las cinco de la máñana, con la intención de conseguir número! No sé si habrás oído hablar de este problema, pero es otra demostración de lo mal que funciona España en el terreno público. Ten en cuenta que se trata de un documento obligatorio que debería ser facilitado por la autoridad, no medio suplicado por los ciudadanos.

Lo que pasa es que en Cataluña y Barcelona se están llevando la peor parte, son víctimas de una increíble mala racha. El dato de los kilómetros de metro es muy interesante y esclarecedor. Mientras que unos políticos se han dedicado a trabajar en la realidad y a mejorar la vida del ciudadano, otros se han mirado al ombligo y han invertado los recursos en sus propios delirios, con los conocidos resultados.

En fin, feliz estancia en Barcelona y que no te toque usar en exceso los servicios públicos de transporte. Quedamos a la espera del tercer carajillo.

Un saludo

2:40 nachm.  
Blogger El Cerrajero said...

'son víctimas de una increíble mala racha'

# Espantapájaros, no creo que sea una mala racha.

Mala racha es cuando todo se hace bien y, sin embargo, sale mal.

En Cacalunya se esfuerzan por que aquello quede a nivel de cutre-tribu y lo están consiguiendo.

10:34 nachm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

ESPANTAPÁJAROS:

Intuyo que en España lo que es el servicio al ciudadano no funciona todo lo bien que debiera, pero no puedo opinar ya que no lo utilizo. El problema es que si nadie protesta...pues...¡todo marcha viento en popa!
La "mala racha" se la han buscado ellos mismos por apostar por una caterva de inútiles. Creo que ahí radica el interés de determinados políticos por abrir un frente con el resto de España: si aquí no funciona nada no es por nuestra culpa, sino por España. Son políticos que se sustentan sobre una concepción equivocada de la democracia y en la promoción del enfrentamiento. Fíjate, látigo de gorriones hambrientos, que todas las dictaduras, todas, necesitan un enemigo exterior para favorecer la cohesión interna.
Saludos.

9:00 nachm.  

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