Montag, Januar 15, 2007

EL GÓTICO


LUNFARDO .- 1. m. Habla que originariamente empleaba, en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, la gente de clase baja. Parte de sus vocablos y locuciones se introdujeron posteriormente en la lengua popular y se difundieron en el español de la Argentina y el Uruguay.

Este fin de semana, meine Damen und Herren, he dormido poco: Me costaba conciliar el sueño, giré bajo el edredón y me dediqué a mirar las manecillas luminescentes de mi reloj, que actuaron de metrónomo para mis pensamientos. Es cierto que bebí café, pero ésa no fue la causa de mi desvelo persistente. Lo fueron dos sencillas palabras con las que Federico Luppi , realquilado con derecho a cocina, se refirió a los votantes y simpatizantes del Partido Popular: «[…]casi gótica».
Si algo han demostrado los argentinos, al margen de la contumacia para hundir su país, es una innata capacidad para adulterar el significado de las palabras. Por la oleosa pronunciación, el voseo, el «entendés», el «ché» y la disentería verbal que les caracteriza, escuchar a un argentino nos asegura una terrible migraña. Durante ese pertinaz insomnio no pude dejar de preguntarme el porqué de la utilización del adjetivo «gótico».
Después de protagonizar una escaramuza con la pereza, logré levantarme para consultar el DRAE y encontré dos acepciones, entre otras, para la palabra en cuestión: 5.adj. Noble, ilustre; 6.adj.coloq. Dicho de una persona: cursi.
Mis dudas no se despejaron y decidí no darle mayor importancia. Supongo que la palabrería del mameluco mamado no era más que el macanas de un chicato y tránfuga que estuvo en la borda por ser un enyetado que corrió la coneja.¿Entendés? El pobre Luppi tuvo que bancar, después de yugar, que su propio Gobierno le rompiera el chanchito y le dejara como un repasador.
Dejaré de utilizar el lunfardo; no quiero que ustedes, queridos lectores, padezcan una jaqueca.
Siempre despiertan en mí una sonrisa burlona las palabras de aquellos que pretenden dar lecciones que no han querido aplicar en su casa. En fin, deben ser cosas de la farándula. El espectáculo que dieron los denominados intelectuales fue una de sus mejores actuaciones. No debemos ofendernos, ya que siempre han existido diferentes maneras de pedir limosna — «es triste pedir pero más triste es robar», «dame argo pa’comé» —, y en épocas socialistas se emplea otra para conseguir la dádiva: «digo lo que quieras pero subvencióname».
El mismo Luppi, ideólogo de todo a 100, lo reconocía: «nos jugamos el pan…». Si es que oculto tras el barniz de la solidaridad y la progresía se esconde lo de siempre: una mezcla de caradura, enjuto talento y hambre de dinero fácil. Por eso el mundo de la cultura española va como va, con honrosas excepciones; pero cada vez echo más de menos a Madariaga, Plá y Marañón. Sin embargo, debo reconocer que me encanta ver a los bufones oficiales del Gobierno parapetados tras el burladero de la pancarta de rigor. Me recuerdan a las muñecas de Famosa, tanto por su caminar como por la repetición de los mensajes; ya saben de qué hablo: tiras del hilo y repiten siempre lo mismo; resultan unos pelmas. Me han informado, aunque no he podido contrastarlo, que alguno de ellos gritó contra el Prestige. Imagino que la subvención debía cobrarse en cómodos plazos y él reclamaba el último. Si Lee Strasberg viviera, observaría con envidia no disimulada a ese elenco de estrellas: le hubiera gustado que estuvieran en el Actors Studio. Estoy convencido de que la historia de la cinematografía mundial no sería lo mismo sin las valiosísimas aportaciones de muchos de ellos. Es más, no entiendo cómo el cine ocupa el séptimo lugar de las artes, ya que después de los papeles de Pilar Bardem debería haber ascendido hasta el primer puesto: ¡no seamos modestos!
Por cierto, mientras el señor Luppi se erigía en voz de la conciencia colectiva, los extras de la película, Pasos, en la cual él actuó, produjo en parte y su nueva mujer escribió el guión, todavía no han cobrado los salarios prometidos. No sé si eso será «gótico», aunque supongo que antes del Renacimiento también existían los caraduras. ¿Será Luppi un godo?

2 Comments:

Anonymous Anonym said...

bien orton bien. te montarán un cordón sanitario.Menudos progres.
Saludos

10:24 vorm.  
Blogger Nicholas Van Orton said...

ANÓNIMO 10:24

Esa expresión - "cordón sanitario" - sólo demuestra que repiten como loros sin comprender lo que dicen y demostrando su ignorancia. Curiosamente, el término se acuñó para aislar a...¡LA RUSIA BOLCHEVIQUE! Si es que nunca aprenderán: siempre hablan por boca de ganso, o de Luppi. Perdone la redundancia. Yo creo que a Luppi el subconsciente le jugó una mala pasada. Al ver los personajes que le rodeaban, supongo que él quería un "CONDÓN SANITARIO".
Saludos.

10:26 nachm.  

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